Ola azul en EE. UU.: qué significa para la industria mexicana y la revisión del T-MEC

Demócratas ganan el Congreso de EE. UU.; CANACINTRA advierte presión en reglas de origen, aranceles y cadenas de suministro de las Pymes mexicanas.

Ciudad de México.

La “ola azul” de las elecciones intermedias del 3 de noviembre en Estados Unidos dejó a los demócratas, según los reportes de prensa, con el control de la Cámara de Representantes y del Senado, además de triunfos en estados que fueron bastiones republicanos durante décadas. El conteo era preliminar y había resultados pendientes. Para la Cámara Nacional de la Industria de Transformación (CANACINTRA), el resultado es un revés político para Donald Trump, pero no necesariamente una victoria para México.

Qué dejó la elección

Los ganadores vincularon su triunfo con el costo de la vida, la defensa de los servicios públicos, la inmigración y el rechazo a la polarización. De acuerdo con el análisis difundido, las intervenciones de Trump en las campañas parecen haber perjudicado las posibilidades republicanas, mientras la Casa Blanca desvía la responsabilidad.

La advertencia de la industria

CANACINTRA señala que la nueva composición del Congreso podría modificar algunas decisiones de la Casa Blanca, pero que la economía mexicana no mejorará de la noche a la mañana, los aranceles no desaparecerán de forma automática y las presiones en seguridad continuarán. Añade que la evolución de las prioridades comerciales de EE. UU. podría aumentar la presión en reglas de origen, contenido regional, aranceles y seguridad económica, con efecto en los sectores automotriz, siderúrgico, metalmecánico, electrónico, químico y agroindustrial: mayores costos, incertidumbre para invertir y afectaciones a exportadoras y proveedoras.

Pymes y frontera

La cámara pide atención especial a las micro, pequeñas y medianas empresas de las cadenas de suministro, por su menor capacidad para absorber costos logísticos, cambios regulatorios o retrasos. También recomienda vigilar los cambios políticos en Texas y Nuevo México por su posible efecto en políticas fronterizas, logística y flujo de mercancías.

La agenda que propone

La industria plantea fortalecer la interlocución con autoridades y legisladores estadounidenses, defender la certidumbre jurídica del T-MEC, aumentar la proveeduría nacional y el contenido regional, modernizar la infraestructura fronteriza y consolidar una política industrial de largo plazo. Subraya que la relación con EE. UU. es estratégica, pero que México debe reducir su vulnerabilidad ante un solo mercado, diversificar y fortalecer su mercado interno.

Oportunidad con cautela

Un Congreso estadounidense en manos demócratas podría moderar algunas decisiones de la Casa Blanca; sin embargo, nada está garantizado y los asuntos de fondo siguen abiertos. El secretario Marcelo Ebrard busca cerrar la revisión del T-MEC antes de que termine 2026 y reducir los aranceles de la Sección 232 sobre autos, acero y aluminio, por lo que la nueva correlación de fuerzas pesará en esa negociación. Además, el presidente del Senado mexicano, Higinio Martínez, adelantó que buscaría reunirse con el embajador Ronald Johnson para impulsar un encuentro con legisladores estadounidenses, un canal que cobra relevancia con el nuevo Congreso.

La revisión del T-MEC debe ser una oportunidad para fortalecer la posición de México en la economía regional. El país necesita llegar a este proceso con mayor capacidad productiva, empresas nacionales competitivas, cadenas de suministro sólidas y una estrategia industrial definida. México no puede limitarse a reaccionar ante los cambios políticos de Estados Unidos. Necesita construir una posición propia, fortalecer su industria y generar las capacidades productivas que le permitan competir y negociar en mejores condiciones.

Finalmente, para los estados fronterizos, entre ellos Coahuila, que acordó con Texas un plan para atraer inversión energética, la política texana será una variable relevante.

La propia industria concluye que México no puede limitarse a reaccionar ante los cambios políticos de EE. UU., sino construir una posición propia. Para las empresas, eso implica medir su exposición a reglas de origen y a un solo mercado, y seguir de cerca la revisión del T-MEC.