México crea empleo informal más rápido que formal: la señal de alerta que los líderes empresariales no deben ignorar rumbo al cierre de 2026

México está generando más valor y mejores salarios, pero cada vez menos empleos formales nuevos, mientras la informalidad avanza a un ritmo mayor que el empleo con prestaciones.

Ciudad de México.

Las dos mediciones más recientes del INEGI sobre el mercado laboral mexicano —las Mediciones Trimestrales de los Puestos de Trabajo y sus Remuneraciones (MTPTREF) y las Mediciones de la Economía Informal (MEITEF), ambas correspondientes al primer trimestre de 2026— ofrecen, leídas en conjunto, una fotografía más reveladora que cualquiera de los dos boletines por separado.

El dato que debería preocupar más a los tomadores de decisiones

El empleo formal remunerado creció apenas 0.3% a tasa anual, hasta 39.8 millones de plazas. El empleo en la economía informal, en cambio, avanzó 0.4%, un ritmo ligeramente superior. Es una diferencia pequeña en términos porcentuales, pero simbólicamente relevante: en el trimestre más reciente disponible, la informalidad no solo no perdió terreno frente al empleo formal —el objetivo declarado de la política laboral del país durante años—, sino que creció a un ritmo comparable o superior. Con 16.3 millones de puestos informales frente a 39.8 millones formales, la informalidad ya representa cerca de 29% del total de posiciones remuneradas del país, y ese porcentaje no está cediendo.

Salarios que suben, pero empleo que no despega

El segundo patrón que emerge al cruzar ambas mediciones es el de un mercado laboral que paga más sin generar más plazas. Las remuneraciones formales crecieron 6.8% anual y las informales 5.3%, ambas muy por encima del crecimiento de los puestos de trabajo correspondientes. Para un director de recursos humanos o un director financiero, esto se traduce en una conclusión operativa directa: el costo de la nómina seguirá subiendo más rápido que la plantilla, tanto en el segmento formal como en el informal, lo que presiona los márgenes de las empresas que dependen de mano de obra intensiva sin que ese gasto adicional se traduzca necesariamente en mayor capacidad productiva instalada.

El mapa de dónde conviene y no conviene invertir

Al superponer los estados con mejor desempeño en ambas mediciones aparece un corredor claro: Hidalgo, Estado de México, Puebla y Nuevo León destacan tanto en crecimiento de empleo formal como en expansión de su economía informal, lo que sugiere entidades con dinamismo económico generalizado, sin importar el tipo de actividad. En el extremo opuesto, Campeche y Morelos aparecen entre los peores desempeños en las tres variables —empleo formal, remuneraciones y economía informal—, un patrón que ya no puede explicarse por un solo sector o coyuntura, sino que apunta a una debilidad estructural de sus economías locales que los líderes empresariales con operaciones o planes de expansión en esas entidades deberían monitorear de cerca.

La lectura estratégica hacia el cierre de 2026

Tomados en conjunto con el resto del panorama económico reciente —un PIB nominal donde la mayor parte del crecimiento proviene de precios y no de producción real, y una inflación subyacente que se modera pero sigue por encima del objetivo—, estos datos laborales refuerzan una misma tesis: la economía mexicana está creciendo en valor monetario más que en capacidad productiva y generación de empleo. Para el cierre de 2026, esto sugiere un escenario de crecimiento moderado y desigual entre regiones y sectores, donde las empresas deberán presupuestar incrementos salariales por encima del crecimiento de su plantilla, revisar su exposición a estados con desempeño débil, y considerar que la formalización del empleo —una meta reiterada de la política pública— no está avanzando al ritmo que las cifras oficiales de inversión y crecimiento del PIB podrían sugerir a primera vista.

Visión En-clave

La pregunta que los líderes empresariales deberían llevarse de este cruce de datos no es si México crece —los indicadores confirman que sí, aunque de forma desigual—, sino qué tipo de crecimiento está generando: uno que reparte valor entre menos plazas de trabajo, con una informalidad que no cede terreno y una brecha regional que se profundiza entre un puñado de entidades dinámicas y otras que muestran señales de estancamiento estructural. Esa es la variable que definirá, más que cualquier cifra trimestral aislada, el terreno sobre el que operarán las empresas en México durante lo que resta del año.

Al cruzar los datos más recientes de empleo, salarios y economía informal del INEGI aparece un patrón que va más allá de cualquier cifra aislada: México está generando más valor y mejores salarios, pero cada vez menos empleos formales nuevos, mientras la informalidad avanza a un ritmo mayor que el empleo con prestaciones. Para los tomadores de decisiones, esa combinación exige repensar dónde invertir, cómo planear costos laborales y qué esperar del cierre de año.