PISA 2025: México profundiza su rezago en matemáticas y enciende una alerta para el futuro del nearshoring

PISA 2025: México atrae fábricas, pero el verdadero desafío del nearshoring será fabricar talento.

Ciudad de México.

Los resultados de PISA 2025, el mayor análisis realizado hasta la fecha por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) con la participación de 760,000 estudiantes de 91 países, muestran que México obtuvo 388 puntos en matemáticas, 408 en lectura y 414 en ciencias, frente a promedios de la OCDE de 463, 461 y 482 puntos, respectivamente. La formulación técnicamente más precisa, de acuerdo con los propios criterios estadísticos de la OCDE, es que México profundizó su rezago en matemáticas y registró menores puntajes absolutos en lectura, mientras que ciencias permaneció estadísticamente estable frente a 2022.

El deterioro internacional como telón de fondo

El informe documenta que el rendimiento académico ha seguido disminuyendo en los países de la OCDE hasta alcanzar los promedios más bajos registrados en matemáticas y lectura: uno de cada cinco jóvenes de 15 años en la OCDE tiene ahora un rendimiento bajo en ciencias, matemáticas y lectura, frente a 16% en 2022. Entre 2015 y 2025, el promedio de la OCDE cayó 22 puntos en matemáticas y 28 puntos en lectura, lo que confirma que el deterioro educativo es un fenómeno internacional y no exclusivo de México.

Solo 30% de los estudiantes mexicanos alcanza al menos el nivel 2 de competencia matemática —el mínimo que PISA considera necesario—, frente a 65% en la OCDE, y prácticamente ningún estudiante mexicano llegó a los niveles 5 o 6, contra 8% del promedio de la organización. La serie histórica agrava la lectura: México alcanzó 419 puntos en matemáticas en 2009, y en 2025 obtuvo 388, un nivel cercano al que tenía a principios de la década de 2000, lo que apunta a un problema acumulado de política educativa que antecede a cualquier administración específica.

México obtuvo 422 puntos en lectura en el año 2000, su primera participación en la prueba, y ha descendido de manera sostenida desde 2009 (425 puntos) hasta los 408 actuales, una caída de 17 puntos en 16 años. La OCDE encontró también un deterioro en habilidades para evaluar información, conectar fuentes y pensar críticamente sobre lo leído, además de un aumento en la proporción de estudiantes que leen con rapidez pero responden de forma incorrecta.

Ciencias y resolución de problemas computacionales

En ciencias, México pasó de 410 a 414 puntos, un cambio que la OCDE no considera estadísticamente significativo, por lo que es más preciso hablar de estabilidad que de mejora. Solo 50% de los estudiantes mexicanos alcanzó el nivel 2 o superior, frente a 74% en la OCDE, y apenas 0.2% llegó a los niveles más altos, contra 7.2% del promedio. En la nueva evaluación de resolución de problemas computacionales, incorporada en esta edición, México obtuvo 453 puntos frente a 500 del promedio de la OCDE.

La propia OCDE señala que el deterioro educativo observado a nivel internacional comenzó antes de la pandemia y refleja problemas estructurales de los sistemas educativos. En el caso de México, la organización apunta que durante la última década aumentó la incorporación a la educación secundaria de jóvenes de poblaciones anteriormente marginadas, lo que puede haber presionado a la baja el promedio nacional sin que ello elimine la magnitud del rezago.

El riesgo directo para el nearshoring

México compite hoy por atraer inversiones de mayor complejidad tecnológica —semiconductores, electromovilidad, dispositivos médicos, robótica, inteligencia artificial— en el marco del nearshoring y el T-MEC. El resultado de PISA 2025 expone una paradoja de fondo: el país busca subir en la cadena de valor manufacturera mientras su sistema educativo produce una proporción reducida de jóvenes con competencias matemáticas y de resolución de problemas avanzadas, justamente las habilidades que exige operar líneas de producción automatizadas, sensores, software industrial y análisis de datos.

Con apenas 30% de los estudiantes mexicanos alcanzando el nivel básico en matemáticas y 50% en lectura y ciencias, una empresa no puede asumir que un título académico implica dominio de competencias fundamentales. Esto se traduce en mayores costos de inducción, capacitación técnica, certificación, supervisión y entrenamiento en seguridad industrial para las compañías que operan en México, un gasto adicional que compite directamente con el ahorro de costos laborales que tradicionalmente ha atraído inversión al país.

Presión sobre el «salario premium» de la inversión de alta tecnología

Las inversiones de mayor sofisticación tecnológica suelen pagar mejores salarios porque requieren ingenieros, técnicos especializados y analistas de datos. Si la oferta local de talento avanzado es insuficiente, las empresas enfrentarán un mercado laboral más competido por ese perfil específico, lo que puede elevar el costo salarial y de capacitación, reduciendo parte de la ventaja competitiva que hoy ofrece México frente a otros destinos de relocalización productiva.

El riesgo estratégico de mayor peso es que México logre atraer la planta manufacturera sin necesariamente capturar las actividades de mayor valor agregado de la cadena productiva —diseño, ingeniería, investigación—, que tienden a concentrarse donde existe una oferta más amplia de talento técnico avanzado, un terreno donde los sistemas educativos de Asia —Singapur, Japón, Corea, Taiwán y regiones de China— mantienen una ventaja considerable sobre México.

Perspectiva Enclave

El secretario general de la OCDE, Mathias Cormann, señaló que los mejores sistemas educativos se concentran en menos áreas con mayor profundidad, invierten en sus docentes e involucran a las familias. El propio informe destaca un dato favorable para México: 81.2% de los estudiantes mexicanos afirma que le gusta aprender cosas nuevas y 75.9% dice esforzarse más cuando el trabajo se complica, porcentajes por encima de varios promedios de la OCDE, lo que sugiere que el rezago no responde a una falta de interés generalizado, sino a un desafío de conversión de esa disposición en competencias efectivas.

PISA 2025 no determina por sí solo si una empresa decide o no invertir en México, pero sí alimenta la percepción internacional sobre la calidad del capital humano disponible en el país. La pregunta que enfrentan empresarios e inversionistas hacia los próximos años no es si México seguirá atrayendo manufactura —las condiciones de proximidad con Estados Unidos, el T-MEC y la infraestructura industrial siguen siendo un atractivo real—, sino qué tan profundas serán esas operaciones si el país no logra cerrar la brecha entre el talento que produce su sistema educativo y el que demanda la manufactura avanzada que busca atraer.