Ciudad de México.
México conmemora este 16 de septiembre 216 años del inicio de la Independencia, una fecha que cada año transforma la noche del 15 en una celebración nacional y al 16 en una demostración cívico-militar de soberanía. En Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum encabezó el Grito de Independencia y posteriormente, el 16 de septiembre, presidió el Desfile Cívico Militar en el Zócalo capitalino.
La ceremonia del 15 incorporó en la arenga presidencial a héroes y heroínas de la Independencia, así como a pueblos indígenas, afromexicanos y migrantes. La presidenta definió a México como un país “libre, independiente y soberano”.
Un día después, durante el desfile, Sheinbaum sostuvo que México no será colonia ni protectorado de nadie y vinculó la independencia con la defensa de la soberanía, la justicia social y la capacidad del país para decidir su propio futuro. La columna militar reunió más de 15 mil efectivos y cientos de vehículos, aeronaves y elementos de las Fuerzas Armadas, de acuerdo con el parte oficial proporcionado durante la ceremonia.
Pero detrás de la celebración patriótica existe una pregunta que merece un análisis menos ceremonial y más institucional:
¿Qué tan libre es México después de 216 años de Independencia?
Independencia no significa automáticamente libertad
México alcanzó su independencia política de España y construyó posteriormente un Estado soberano. Sin embargo, la libertad de una nación moderna no se mide únicamente por su capacidad de ondear una bandera, elegir autoridades o rechazar una intervención extranjera.
También se mide por la fortaleza de sus instituciones, Estado de derecho, seguridad, derechos fundamentales, propiedad privada, libertad económica, competitividad y capacidad para generar prosperidad.
En este terreno, los indicadores internacionales muestran una realidad menos cómoda.
El World Justice Project colocó a México en el lugar 121 de 143 países en su Índice de Estado de Derecho 2025, con una caída de 2.8% en su puntuación respecto del año anterior. El organismo identifica retrocesos particularmente relacionados con límites al poder gubernamental, gobierno abierto y derechos fundamentales.
La pregunta, entonces, no es si México es jurídicamente independiente. Lo es. El debate es si esa independencia está acompañada por instituciones suficientemente fuertes para garantizar que la ley prevalezca sobre el poder, la corrupción o la impunidad.
Libertad económica: otra asignatura pendiente
En materia económica, el Index of Economic Freedom 2026 de Heritage Foundation otorgó a México una puntuación de 59.8 puntos, ubicándolo en el lugar 92 mundial. El indicador señala como obstáculos la inseguridad, la informalidad, la incertidumbre contractual y debilidades relacionadas con Estado de derecho y derechos de propiedad.
Para empresarios e inversionistas, la independencia adquiere otra dimensión: ¿pueden invertir, producir, contratar, innovar y competir bajo reglas suficientemente estables y previsibles?
La soberanía política pierde parte de su significado económico cuando la inseguridad, la informalidad, la incertidumbre regulatoria o la debilidad institucional elevan el costo de hacer negocios.
Competitividad: el reto de convertir soberanía en prosperidad
El IMD World Competitiveness Ranking 2025 ubicó a México en el lugar 55 entre 69 economías, prácticamente sin cambios respecto de años anteriores. El dato refleja que el tamaño del mercado mexicano es una ventaja considerable, pero no basta por sí mismo para convertir al país en una economía altamente competitiva.
Aquí aparece una de las contradicciones centrales de los 216 años: México posee territorio, recursos naturales, población, posición geográfica estratégica y acceso privilegiado al mercado norteamericano, pero todavía enfrenta brechas institucionales, de productividad, seguridad y competitividad que limitan la transformación de esas ventajas en mayor prosperidad.
Las Claves de ENCLAVE
México sí es una nación independiente. Lo que permanece inconcluso es convertir esa independencia política en una libertad plenamente funcional para sus ciudadanos y empresas.
La independencia se conquistó en el campo de batalla; la libertad contemporánea se construye diariamente en los tribunales, las empresas, las escuelas, las calles y las instituciones.
Por eso, después de 216 años, la pregunta no debería ser solamente cuánto tiempo lleva México siendo independiente, sino qué tan capaz ha sido de transformar esa independencia en Estado de derecho, seguridad, libertad económica y competitividad.
El desfile del 16 de septiembre exhibe la capacidad del Estado para defender la soberanía. El verdadero desafío está fuera de la ceremonia: construir instituciones que garanticen que esa soberanía se traduzca en justicia, seguridad, oportunidades, inversión, productividad y prosperidad.
México conquistó su independencia hace 216 años. La construcción de una libertad plena continúa siendo una tarea de cada generación.





