México busca posicionarse en IA con NVIDIA y una nueva agenda tecnológica

Ebrard lleva a México al G20 de Innovación y acuerda con Jensen Huang impulsar capacidades de inteligencia artificial en el país.

Chapel Hill, Carolina del Norte.

México busca acelerar su incorporación a la economía de la inteligencia artificial (IA) mediante una estrategia que combina diplomacia tecnológica, propiedad intelectual, desarrollo de proveedores y atracción de inversión.

Durante la reunión de ministros de Innovación del G20, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, sostuvo encuentros con autoridades de Estados Unidos, la Unión Europea y Corea del Sur, además de reunirse con directivos de algunas de las principales compañías de IA del mundo.

El encuentro adquiere relevancia económica porque el G20 concentra aproximadamente 85% del PIB mundial y tres cuartas partes del comercio internacional, mientras los gobiernos están definiendo las reglas para el desarrollo, adopción industrial y regulación de la inteligencia artificial.

NVIDIA pone la mirada en México

Uno de los encuentros más relevantes fue el sostenido entre Ebrard y Jensen Huang, CEO de NVIDIA, con quien acordó organizar una visita del empresario a México para avanzar en el desarrollo de capacidades y despliegue de IA.

La relevancia para México va más allá de una visita empresarial.

La inteligencia artificial requiere infraestructura digital, centros de datos, semiconductores, electricidad, talento especializado y cadenas de suministro capaces de atender una demanda tecnológica que crece rápidamente.

Ebrard planteó que el impacto de la IA sobre la economía podría ser comparable con la transformación que provocó la llegada de la electricidad a la manufactura.

Para México, esto representa una oportunidad para pasar de ser únicamente una plataforma manufacturera de Norteamérica a convertirse también en un nodo de producción, infraestructura y servicios vinculados con la economía digital.

Norteamérica y Europa: tecnología como política industrial

Antes de participar en las reuniones del G20, Ebrard sostuvo un encuentro bilateral con Howard Lutnick, secretario de Comercio de Estados Unidos, para abordar el desarrollo tecnológico de América del Norte y asuntos de la agenda comercial bilateral.

También se reunió con Henna Virkkunen, vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea para Soberanía Tecnológica, Seguridad y Democracia, con quien acordó trabajar en una agenda coordinada de innovación entre México y la Unión Europea.

El mensaje económico es relevante: la tecnología comienza a ocupar un lugar central dentro de la política comercial y de seguridad económica de las principales potencias.

Para México, integrarse a estas cadenas será determinante para aprovechar el nearshoring y elevar el contenido tecnológico de sus exportaciones.

Patentes: el reto es convertir innovación en negocio

Otro indicador destacado por Ebrard fue el desempeño del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI).

De acuerdo con lo expuesto por el secretario, los cambios implementados en el organismo permitieron aumentar casi 50% el otorgamiento de nuevas patentes entre 2024 y 2025.

El crecimiento es relevante porque una economía basada en IA no puede depender únicamente de tecnología importada.

México necesita generar propiedad intelectual propia, desarrollar talento y conectar universidades, centros de investigación y empresas con las cadenas productivas.

La oportunidad es grande, pero la ejecución será decisiva

El acercamiento con NVIDIA, OpenAI y Anthropic coloca a México frente a una oportunidad estratégica.

Pero una reunión con los grandes jugadores tecnológicos no constituye por sí misma una política de innovación.

El verdadero desafío será convertir estos contactos en inversión, centros de datos, infraestructura, talento especializado, patentes, empresas tecnológicas y proveedores nacionales.

También será fundamental resolver uno de los principales cuellos de botella de la nueva economía: la disponibilidad de electricidad confiable y competitiva.

Si México consigue integrar IA con manufactura, energía, logística y cadenas de suministro norteamericanas, podría capturar una nueva generación de inversión.

El riesgo es quedarse únicamente como consumidor de tecnología extranjera.

La carrera por la inteligencia artificial ya no es solamente tecnológica: es una competencia por inversión, productividad, propiedad intelectual y soberanía económica. México acaba de sentarse a la mesa; ahora tendrá que demostrar que puede convertir esa presencia en capacidad productiva.