México presume récord histórico de inversión extranjera y, propone una ley que puede sembrarle más incertidumbre

La pregunta que se desprende es directa: ¿por qué añadir fricción justo cuando se presume el mejor momento de la inversión extranjera?

Ciudad de México.

La Secretaría de Economía reportó que México captó 34,968 millones de dólares de Inversión Extranjera Directa (IED) durante el primer semestre de 2026, el monto más alto registrado para un periodo similar desde que existe la serie estadística. Apenas semanas después de esa cifra, la presidenta Claudia Sheinbaum remitió al Senado, el 30 de agosto, una iniciativa que reforma la Ley de Inversión Extranjera para someter a un escrutinio adicional de seguridad nacional las adquisiciones extranjeras mayoritarias en sectores estratégicos, con procedimientos más largos y una regla que, en caso de que la autoridad no resuelva a tiempo, niega la solicitud en lugar de aprobarla.

El contraste en el calendario

El boletín de la Secretaría de Economía sobre la IED del primer semestre —difundido en agosto de 2026— destacó que México se mantuvo entre los diez principales receptores de inversión extranjera del mundo y que los flujos hacia el país crecieron 10.8% en 2025, por encima del promedio global de 6 por ciento. En ese mismo mes, el Ejecutivo federal envió al Congreso una iniciativa que, según su propia exposición de motivos, busca corregir la «ausencia del enfoque de seguridad nacional en el análisis de las inversiones extranjeras» mediante una Comisión Nacional de Inversiones Extranjeras (CNIE) ampliada, con más dependencias, plazos más largos y sanciones más altas.

Qué cambia exactamente para el inversionista

El cambio de mayor calado es la sustitución de la afirmativa ficta por la negativa ficta en los casos de seguridad nacional: actualmente, si la autoridad no resuelve una solicitud en el plazo establecido, esta se considera aprobada; con la reforma, si la CNIE no resuelve dentro de los 60 días hábiles —ampliables hasta 120 en total— la solicitud se entenderá automáticamente negada. A esto se suma la incorporación de las secretarías de la Defensa Nacional, Marina y Seguridad y Protección Ciudadana como integrantes con voto, y de la FGR, el CNI, el SAT y la UIF como invitados permanentes en los asuntos de seguridad nacional.

El argumento oficial

La exposición de motivos de la iniciativa no plantea la reforma como un freno a la inversión extranjera, sino como un mecanismo acotado a cinco categorías de sectores sensibles —infraestructura estratégica, tecnologías críticas, insumos fundamentales, información sensible y actividades análogas—, inspirado en principios de la OCDE de no discriminación, transparencia, proporcionalidad y rendición de cuentas, y equiparable a mecanismos que ya operan en Estados Unidos y la Unión Europea.

Las Claves de ENCLAVE

La contradicción aparente

El cuestionamiento central es legítimo: si el propio Gobierno mexicano utiliza el discurso del récord de IED como evidencia de la fortaleza institucional y macroeconómica del país —tal como lo hizo la Secretaría de Economía en su boletín del primer semestre—, ¿por qué introducir, casi en paralelo, un mecanismo que puede alargar los tiempos de cierre de una operación y que castiga con una negativa automática la lentitud de la propia autoridad? Para un inversionista extranjero que evalúa distintos destinos para su capital, la predictibilidad del marco regulatorio pesa tanto como el tamaño del mercado o la solidez macroeconómica, y un cambio de esta naturaleza introduce, al menos en el papel, una variable de riesgo adicional en sectores que además coinciden con algunos de los más atractivos para el nearshoring: manufactura avanzada, semiconductores, energía y datos.

El matiz que la contradicción pasa por alto

Sin embargo, la aparente contradicción se atenúa si se observa que el 88.5% de la IED captada en el primer semestre correspondió a reinversión de utilidades de empresas ya establecidas en México, no a proyectos genuinamente nuevos, de acuerdo con las propias cifras de la Secretaría de Economía. Esto sugiere que el grueso del capital que hoy sostiene el «récord histórico» no proviene de adquisiciones mayoritarias de gran escala en sectores estratégicos —el tipo de operación que la nueva ley busca revisar—, sino de la operación continua de filiales ya instaladas, que no necesariamente estarían sujetas al nuevo escrutinio de la misma manera que una adquisición nueva.

La lectura estratégica: seguridad nacional como condición, no como enemigo, de la inversión

La lectura estratégica que ofrece el propio Gobierno es que la falta de reglas claras de seguridad nacional —y no su existencia— es lo que genera incertidumbre a largo plazo, en la medida en que deja a discreción de la autoridad decisiones que hoy carecen de parámetros públicos, según reconoce la propia exposición de motivos de la iniciativa. Bajo esta lógica, un marco de escrutinio explícito, con plazos definidos y criterios publicados —aunque más lento que la ausencia total de revisión— podría representar, en el mediano plazo, más certidumbre que un esquema donde la Comisión puede bloquear una operación por razones de seguridad nacional sin criterios establecidos, como ocurre con el actual artículo 30 de la ley vigente.

El verdadero punto de fricción: la ejecución, no la intención

El expediente que definirá si esta reforma termina siendo un blindaje o una traba no está en el texto de la iniciativa, sino en su implementación: el monto del umbral de activos que la CNIE deberá publicar en los próximos 180 días, y la capacidad real de una Comisión con más integrantes para resolver dentro de los plazos que la propia ley se fija. Si el umbral es alto y el proceso es ágil, el impacto sobre el flujo general de inversión extranjera sería marginal, acotado a un número limitado de operaciones de gran escala en sectores sensibles. Si el umbral es bajo o el proceso se retrasa sistemáticamente, la negativa ficta podría convertirse en un obstáculo real para negociaciones que hoy México necesita cerrar con rapidez frente a otros países que compiten por el mismo capital de relocalización productiva.

Visión En-Clave

La propia iniciativa reconoce que «el reto global es el equilibrio entre los derechos y obligaciones de los inversores y de los países receptores», una formulación que sitúa el debate no en si México debe o no filtrar la inversión extranjera en sectores sensibles —algo que ya hacen sus principales competidores por el nearshoring—, sino en si el diseño específico de este mecanismo logrará ese equilibrio en la práctica.