Conflicto entre EE.UU. y Canadá eleva el riesgo para el comercio norteamericano

México no solamente vende a Estados Unidos; produce dentro de una cadena económica norteamericana.

Ciudad de México.

El fracaso de las negociaciones comerciales entre Estados Unidos y Canadá abre un nuevo frente de incertidumbre para América del Norte y coloca a México ante una negociación particularmente sensible: mientras Washington elevó la presión sobre Ottawa con aranceles de hasta 50% para determinados productos, el gobierno mexicano busca reducir las cargas que afectan a sectores estratégicos como automotriz, acero y aluminio y preservar el mayor acceso preferencial posible al mercado estadounidense.

El episodio tiene una implicación que trasciende la relación bilateral entre Washington y Ottawa: demuestra que la integración comercial norteamericana no elimina el riesgo de medidas arancelarias y que Estados Unidos está utilizando su acceso al mercado como instrumento de presión para obtener concesiones.

Canadá rechazó las condiciones; Washington respondió con aranceles

El punto de partida es importante para evitar una interpretación incorrecta.

Canadá fue formalmente quien decidió retirarse de las conversaciones después de considerar inaceptables las condiciones planteadas por Washington. Sin embargo, el colapso de las negociaciones no significa que Canadá haya abandonado el T-MEC/CUSMA.

El tratado continúa vigente. Lo que fracasó fue el intento de alcanzar un acuerdo bilateral adicional que modificara determinadas condiciones comerciales y arancelarias. Posteriormente, Estados Unidos respondió con nuevas medidas arancelarias.

La distinción es fundamental para México: una negociación bilateral puede fracasar sin que automáticamente desaparezca el marco institucional del T-MEC, pero sí puede generar nuevas barreras comerciales y elevar la incertidumbre para las empresas.

El arancel de 50% no alcanza a todo el comercio canadiense

Uno de los principales riesgos de interpretación es asumir que todo producto canadiense enfrenta automáticamente un arancel de 50%.

No es así.

La medida estadounidense alcanza determinados sectores y productos, entre ellos acero, aluminio, algunos productos automotrices, lácteos y bebidas alcohólicas. De acuerdo con la información canadiense, aproximadamente 85% del comercio de bienes entre Canadá y Estados Unidos continúa libre de aranceles, mientras que la tasa efectiva promedio se ubica alrededor de 5.2% a 5.4%, aunque determinados productos enfrentan cargas considerablemente superiores.

La consecuencia inmediata es una mayor segmentación del comercio: el T-MEC sigue funcionando, pero algunas industrias quedan expuestas a medidas arancelarias mucho más agresivas.

La industria automotriz vuelve a estar en el centro

El sector automotriz es particularmente sensible porque las cadenas productivas de México, Estados Unidos y Canadá están profundamente integradas.

Un vehículo producido en Norteamérica puede incorporar acero estadounidense, autopartes mexicanas, componentes canadienses, tecnología estadounidense y motores fabricados en distintos puntos de la región.

Por ello, un arancel aplicado a un componente no necesariamente afecta únicamente al país exportador. Puede elevar el costo de producción de toda la cadena y terminar repercutiendo en fabricantes, proveedores, consumidores e incluso empresas estadounidenses.

México está utilizando precisamente esta integración como uno de sus argumentos de negociación. Marcelo Ebrard ha señalado que las autopartes mexicanas representan aproximadamente 43% del conjunto de autopartes que requiere la industria automotriz estadounidense.

México busca convertir la integración norteamericana en ventaja

La estrategia mexicana tiene cuatro objetivos centrales:

  1. Preservar el acceso preferencial del T-MEC.
  2. Reducir los aranceles sectoriales, particularmente en automotriz, acero y aluminio.
  3. Evitar nuevas medidas arancelarias.
  4. Fortalecer las cadenas productivas de América del Norte frente a la competencia y dependencia de China.

La presidenta Claudia Sheinbaum ha señalado que alrededor de 80% de las exportaciones mexicanas mantienen actualmente acceso sin arancel a Estados Unidos, aunque existen excepciones importantes, entre ellas automóviles, acero y aluminio.

Esto coloca al T-MEC en el centro de la estrategia comercial mexicana.

Para México, conservar el acceso preferencial no representa solamente una ventaja diplomática: significa proteger la competitividad de miles de empresas que dependen del mercado estadounidense y de cadenas de suministro transfronterizas.

Acero y aluminio: otro frente estratégico

México enfrenta actualmente un arancel estadounidense de 50% sobre acero y aluminio, de acuerdo con la información contenida en la investigación.

El argumento mexicano parte de la integración de la propia cadena siderúrgica: México es un comprador relevante de acero estadounidense y mantiene una relación comercial estrecha con productores de ambos países.

El razonamiento de la Secretaría de Economía es que gravar de manera elevada los insumos mexicanos puede terminar encareciendo cadenas productivas estadounidenses que dependen de ellos.

Para las empresas mexicanas, el problema no se limita al pago directo del arancel. También puede traducirse en menores márgenes, pérdida de competitividad, ajustes en precios, sustitución de proveedores y decisiones de inversión más cautelosas.

Las Claves de ENCLAVE

Lo ocurrido entre Washington y Ottawa puede ser leído como un caso de estudio para la negociación mexicana.

Estados Unidos está demostrando que puede utilizar los aranceles como una combinación de política industrial y herramienta de negociación: imponer una carga, generar presión económica y utilizarla como mecanismo para obtener concesiones.

Para México, la situación es particularmente delicada.

El país comparte con Canadá una enorme integración económica con Estados Unidos, pero su dependencia comercial del mercado estadounidense hace que una confrontación abierta tenga costos potencialmente elevados.

Por ello, la estrategia mexicana no puede reducirse a una respuesta arancelaria simétrica. Su principal herramienta de negociación es demostrar que la integración de las cadenas productivas norteamericanas también genera valor para las compañías y consumidores estadounidenses.

En otras palabras: México no solamente vende a Estados Unidos; produce dentro de una cadena económica norteamericana.