Washington D. C.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a dejar clara su postura proteccionista al declarar que “no quiere autos de México ni de Canadá” y que su objetivo es que las compañías automotrices fabriquen exclusivamente en territorio estadounidense. Estas declaraciones, realizadas en la Casa Blanca junto al secretario de Defensa, Pete Hegseth, reafirman su intención de reducir la dependencia del comercio exterior y fortalecer el empleo en EE.UU.
«Las empresas estaban construyendo plantas en México y vendiendo los autos al otro lado de la frontera. Lo único que tenemos es desempleo y fábricas vacías. Esos días se acabaron», sentenció Trump.
El mandatario ha presumido que su política ha logrado atraer 4 billones de dólares en inversión de la industria automotriz, asegurando que muchas de las compañías que planeaban instalarse en México y Canadá han decidido cambiar de rumbo y fabricar en EE.UU. Un ejemplo de ello es Honda, que construirá una planta en Indiana, lo que Trump calificó como “un gran estado y un lugar muy inteligente para construir”.
Una industria clave para México en riesgo
La postura de Trump llega en un momento crítico para la industria automotriz mexicana, que es el principal motor de exportación del país y la rama manufacturera más importante. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), al cierre de 2024, las exportaciones del sector automotriz en México totalizaron 193,907 millones de dólares, representando el 35% del total de las exportaciones manufactureras.
Además, la industria automotriz aporta el 18% del PIB manufacturero y el 4% del PIB nacional, generando cerca de un millón de empleos formales directos. La dependencia de EE.UU. es evidente, ya que el 80% de los vehículos ligeros fabricados en México tienen como destino el mercado estadounidense, y nueve de cada 10 autopartes utilizadas en los ensamblajes en EE.UU. provienen de México.
La decisión de Trump podría representar un duro golpe para la economía mexicana, afectando la inversión extranjera directa (IED) en autopartes, que registró un aumento del 18% anual en 2024, con 2,300 millones de dólares captados solo en el tercer trimestre.
¿Una guerra comercial en puerta?
El sector automotriz en México y EE.UU. recibió un respiro temporal, luego de que Trump aplazara hasta el 2 de abril la entrada en vigor de los aranceles del 25% a las importaciones automotrices. Sin embargo, el presidente estadounidense dejó claro que esta medida es solo una exención temporal de un mes, otorgada a solicitud de los líderes de la industria.
«Vamos a otorgar una exención de un mes a cualquier automóvil que pase por el T-MEC», anunció la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt.
Pero Trump no dejó dudas sobre su intención de endurecer su política comercial:
«Los aranceles recíprocos seguirán entrando en vigor el 2 de abril», enfatizó.
El impacto de un arancel del 25% en las exportaciones mexicanas sería devastador. De acuerdo con la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA), esta medida elevaría en 3,000 dólares el precio promedio de los autos en EE.UU., lo que afectaría la demanda y, en consecuencia, la producción en México.
Además, si EE.UU. decidiera dejar de adquirir autos fabricados en México, necesitaría construir 18 nuevas plantas con una inversión superior a los 50,000 millones de dólares para compensar la falta de producción.
México, cada vez más vulnerable
México se encuentra en una situación de indefensión ante la estrategia proteccionista de Trump, quien ha dejado claro que su objetivo es repatriar la manufactura automotriz a territorio estadounidense y romper con la dependencia comercial de otros países.
El comercio automotriz representa el 22% del total del intercambio bajo el Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC), por lo que cualquier alteración en este sector podría desencadenar una crisis en la economía mexicana.
Ante la inminente entrada en vigor de los aranceles el 2 de abril, la respuesta del gobierno mexicano ha sido pasiva, manteniendo la misma estrategia que en otras disputas comerciales: esperar la “buena voluntad” de Trump. Pero, como ha quedado demostrado con su discurso, el presidente estadounidense no tiene intenciones de ceder.
Mientras Trump presiona para que las automotrices inviertan en EE.UU., México se encuentra en una posición cada vez más frágil, dependiendo de una decisión que podría poner en jaque a uno de los sectores más importantes de su economía. La pregunta sigue en el aire: ¿está México preparado para afrontar una guerra comercial en el sector automotriz?