Ciudad de México
El reciente anuncio de un incremento del 13% al salario mínimo general a partir de enero de 2026, sumado a la reducción gradual de la jornada laboral a 40 horas para el 2030, ha sido presentado por el Gobierno Federal como un triunfo de la justicia social y un acuerdo unánime con el sector empresarial. Sin embargo, detrás de la retórica del consenso y los grandes números, se esconde una realidad brutal para el verdadero motor de la economía mexicana: las Pequeñas y Medianas Empresas (PYMES).
Para el empresario con décadas de experiencia en el pulso del sector productivo, esta combinación de medidas, sin un paquete de incentivos y apoyos fiscales paralelos, no es un beneficio, sino una doble carga que amenaza con quebrar a miles de negocios que ya luchan por sobrevivir en un mercado hostil y con presiones externas.
La Carga Imposible: Más Salario, Menos Producción
El aumento del salario mínimo, que pasará de 278.80 a 315.04 pesos diarios (aproximadamente), y la reducción de la jornada laboral (que iniciará su descenso a 46 horas en 2027) 1, crean una dicotomía insostenible para la micro y pequeña empresa: subir costos laborales mientras se reduce el tiempo de producción.
| Medida | Impacto Directo en la PYME | Riesgo Estratégico |
| Aumento Salario Mínimo (13%) | Incremento en el gasto directo en sueldos, cuotas patronales al IMSS y primas vacacionales. | Riesgo de Liquidez y Cierre: Un cuarto de las PYMES no cuenta con flujos de efectivo, y esta subida tempestiva puede ser el golpe final. |
| Reducción Gradual Jornada Laboral | Necesidad de contratar más personal o pagar horas extra (más caras) para mantener la productividad. | Aumento de la Informalidad: La presión de costos puede forzar a negocios al margen de la ley para sobrevivir, o inhibir la contratación formal. |
La justificación oficial de que la reducción de horas aumentará la productividad, citando ejemplos de países nórdicos, ignora la realidad estructural de las PYMES mexicanas, que carecen de la capacidad de inversión en tecnología y automatización para compensar la pérdida de horas de trabajo. La pregunta es clara: ¿Quién producirá para que los salarios suban sin que se disparen los precios, si se reducen las horas de trabajo? La respuesta es que la carga recaerá en la contratación de más personal o en el pago de horas extra, ambas opciones letales para los márgenes de las pequeñas empresas.
El Gobierno de Unos Cuantos: Abandono al Sector Productivo
El aspecto más crítico de este anuncio es la evidente desconexión del Gobierno con el sector productivo en su conjunto. El consenso unánime fue celebrado con el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), que representa principalmente a las grandes corporaciones. Estas grandes empresas, con márgenes de ganancia robustos y capacidad de absorber o trasladar costos, pueden permitirse el acuerdo.
Sin embargo, la inmensa mayoría de los empresarios, los dueños de las PYMES que generan el 72% del empleo formal en México, no fueron escuchados. Este es un gobierno de unos cuantos, que atiende a sus afines y abandona a la base de la economía.
«Este gobierno no entiende al sector productivo, este gobierno no escucha a todos.»
La falta de una estrategia de apoyo es flagrante. Mientras se imponen cargas sociales necesarias, no se ofrecen incentivos fiscales significativos, financiamiento accesible o simplificación regulatoria que aligeren el peso. La carencia de liquidez es la principal causa de cierre de PYMES, y en lugar de inyectar capital o reducir la carga fiscal, el gobierno opta por imponer mayores costos.
Esta política no solo pone en riesgo la supervivencia de miles de negocios, sino que inhibe la inversión extranjera y nacional que busca un entorno de costos predecibles y apoyo gubernamental. El mensaje que se envía al capital es que, en México, el sector productivo es visto como una fuente de recursos a exprimir, no como un socio estratégico para el desarrollo.
Para el inversionista y el empresario, la lección es dura: la toma de decisiones debe contemplar un entorno donde el riesgo regulatorio y de costos laborales es alto, y donde el apoyo gubernamental es selectivo y escaso. La supervivencia de las PYMES dependerá de su capacidad de adaptación y no de la ayuda de un gobierno que parece haberles dado la espalda.





