Saltillo, Coahuila.
Coahuila llega al cierre de septiembre con dos indicadores que colocan a la entidad en una posición relevante dentro del mapa económico nacional: cuarto lugar en el Índice de Competitividad Estatal (ICE) 2026 del IMCO y primer lugar nacional en percepción de seguridad en la ENVIPE 2026.
La combinación resulta estratégica para una entidad que compite por inversión, talento y proyectos productivos. El ICE 2026 evalúa a las 32 entidades mediante 53 indicadores agrupados en seis subíndices y mide su capacidad para generar, atraer y retener talento e inversión. Coahuila obtuvo un nivel de competitividad considerado alto.
El IMCO identifica además a Coahuila como una potencia exportadora vinculada principalmente con la industria automotriz y señala que durante dos décadas ha mantenido el segundo lugar nacional en exportaciones como proporción del PIB.
Seguridad: el componente que reduce incertidumbre
El segundo dato modifica la lectura económica del estado.
La ENVIPE 2026, cuyos resultados corresponden a información de victimización de 2025 y percepción de seguridad levantada entre febrero y abril de 2026, reportó que 71.5% de la población de Coahuila manifestó sentirse segura en la entidad, el porcentaje más alto entre los estados. La cifra contrasta con 24.7% de referencia nacional.
En el ámbito urbano, los resultados de la ENSU también muestran una evolución favorable para Torreón y Saltillo: entre diciembre de 2025 y marzo de 2026, la percepción de inseguridad pasó de 29.5% a 20.3% en Torreón y de 28.1% a 16.7% en Saltillo.
Para el sector productivo, seguridad y competitividad no son variables aisladas. Un entorno más predecible puede favorecer la movilidad laboral, la protección patrimonial y la continuidad operativa; mientras que la competitividad determina qué tan preparado está un territorio para atraer capital y talento.
El factor gobierno y la coordinación
La administración de Manolo Jiménez Salinas atribuye estos resultados al Modelo de Seguridad Coahuila y a la coordinación entre Estado, municipios, fuerzas federales, instituciones de seguridad, iniciativa privada y sociedad civil.
Esa coordinación se ha acompañado de inversión en infraestructura y equipamiento. Sin embargo, desde una perspectiva de competitividad, el reto consiste en que los avances en seguridad se traduzcan en condiciones permanentes de certidumbre institucional y desarrollo económico.
El propio ICE muestra que la competitividad no depende de un solo indicador. El IMCO destaca que los estados con mejores resultados combinan empleo formal, talento, infraestructura, sofisticación productiva e instituciones confiables.
De vivir bien a invertir mejor
La verdadera prueba para Coahuila será convertir esta posición en una ventaja estructural.
El cuarto lugar nacional en competitividad y el primer lugar en percepción de seguridad fortalecen la narrativa de un estado atractivo para vivir, trabajar e invertir, pero también elevan la exigencia: mantener la seguridad, desarrollar talento, mejorar infraestructura, incrementar el valor agregado industrial y fortalecer las instituciones.
Para empresarios e inversionistas, la pregunta no es únicamente cuánto cuesta producir en Coahuila, sino qué tan predecible será operar ahí durante los próximos 10, 20 o 30 años.
En esa ecuación, seguridad y competitividad empiezan a funcionar como dos caras de un mismo activo económico: la capacidad de construir un entorno donde el capital pueda llegar, permanecer y crecer, y donde el talento encuentre condiciones para desarrollarse.
Coahuila ya está dentro del grupo de entidades líderes. El siguiente desafío es convertir esa posición en una ventaja sostenible.





