Ciudad de México.
El incremento sostenido en el costo de la canasta básica alimentaria comienza a reflejar presiones adicionales sobre el poder adquisitivo de los hogares mexicanos y plantea nuevos desafíos para la estabilidad económica y social del país.
De acuerdo con el más reciente reporte de Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), correspondiente a febrero de 2026, el valor de los productos que integran la canasta alimentaria registró un aumento anual de 5.6% en zonas rurales y de 6.5% en áreas urbanas, cifras que superan la inflación general anual del país, que se ubicó en 4.0%.
Este diferencial confirma que el encarecimiento de los alimentos continúa siendo uno de los principales factores de presión para los hogares, especialmente aquellos con menores ingresos.
El costo mínimo para alimentarse sigue aumentando
Las cifras del INEGI también muestran que el costo mensual mínimo para cubrir la canasta alimentaria por persona —referente utilizado para medir la pobreza extrema por ingresos— alcanzó en febrero de 2026:
- 1,887.58 pesos mensuales por persona en zonas rurales
- 2,516.97 pesos mensuales en zonas urbanas
Cuando se consideran también los gastos no alimentarios —como transporte, salud, vivienda o educación— el umbral de ingreso para no caer en pobreza se eleva significativamente.
En ese escenario, las Líneas de Pobreza por Ingresos se ubicaron en:
- 3,494.95 pesos mensuales por persona en el ámbito rural
- 4,877.87 pesos en el ámbito urbano
Estos valores funcionan como referencia para determinar si los ingresos de la población son suficientes para cubrir las necesidades básicas de consumo.
Alimentos clave impulsan el encarecimiento
El reporte identifica varios productos con fuerte incidencia en el incremento del costo de la canasta alimentaria.
Entre los principales destacan:
- Alimentos y bebidas consumidos fuera del hogar, con un incremento anual de 7.2%
- Jitomate, con un aumento anual de 60.2%
- Bistec de res, con una variación de 14.2%
Estos productos representan una proporción significativa del gasto alimentario de las familias mexicanas, por lo que su encarecimiento impacta directamente en la inflación percibida por los hogares.
En particular, el aumento del precio del jitomate se convirtió en uno de los factores con mayor incidencia en la variación mensual y anual de la canasta básica tanto en zonas urbanas como rurales.
Presión adicional sobre la economía familiar
El incremento en el valor de los alimentos también está impactando otros componentes del gasto familiar.
El informe señala que, dentro de la medición de las Líneas de Pobreza por Ingresos, además del alza en la canasta alimentaria influyeron rubros como:
- Transporte público
- Cuidados personales
- Educación, cultura y recreación
Estos aumentos amplifican el efecto del encarecimiento alimentario sobre el presupuesto de los hogares, especialmente en zonas urbanas donde la incidencia de la canasta alimentaria en el aumento de la pobreza por ingresos alcanza 72.4%.
Implicaciones para la economía nacional
Desde la perspectiva económica, el aumento del costo de la canasta básica plantea varios retos para la política pública y para la dinámica del consumo interno.
Primero, presiona el ingreso disponible de las familias, reduciendo su capacidad de gasto en otros bienes y servicios, lo que puede impactar el dinamismo del mercado interno.
Segundo, incrementa el riesgo de que más hogares se acerquen o crucen los umbrales de pobreza por ingresos, especialmente en sectores laborales con alta informalidad o bajos salarios.
Y tercero, obliga a revisar políticas relacionadas con salario mínimo, programas sociales y control inflacionario, en un contexto donde la inflación general parece moderada, pero los alimentos continúan registrando aumentos por encima del promedio.
Un desafío estructural
El comportamiento reciente de los precios de alimentos confirma una tendencia estructural: la inflación alimentaria suele ser más volátil y sensible a factores como clima, costos logísticos, energía y dinámica de mercados internacionales.
Para una economía como la mexicana, donde el gasto en alimentos representa una parte significativa del presupuesto familiar, cualquier incremento sostenido en la canasta básica se traduce directamente en presión social y económica.
En este contexto, el monitoreo de los precios de alimentos y su impacto en los indicadores de pobreza se mantiene como uno de los principales termómetros para evaluar la estabilidad del bienestar económico de millones de hogares en México.





