Ciudad de México.
Las denuncias de «acoso fiscal» por parte del Servicio de Administración Tributaria (SAT) a más de 300 multinacionales, aunque no confirmadas en una lista oficial, revelan una intensificación de auditorías y una agresiva presión recaudatoria. Este fenómeno, documentado por organismos empresariales de EE.UU. y la cobertura internacional, genera una profunda preocupación en el sector productivo, cuestionando el estado de derecho en el marco del T-MEC y, más alarmante aún, exponiendo la extrema vulnerabilidad de las Pequeñas y Medianas Empresas (PyMEs) ante un gobierno federal fortalecido. La situación actual sugiere que la política fiscal se ha convertido en una herramienta de Estado para sostener las finanzas públicas, pero a un costo significativo para la confianza empresarial, justo en un momento delicado de renegociación del tratado comercial.
Fuentes abiertas confirman que más de 300 empresas multinacionales, principalmente estadounidenses, han denunciado prácticas fiscales agresivas. Representadas por el National Foreign Trade Council (NFTC), estas acusaciones incluyen auditorías consideradas «agresivas y dudosas», la negativa a deducciones legítimas y créditos fiscales, solicitudes de información confidencial sensible, y obstáculos para apelar, incluso condicionando pagos para acceder a defensa legal. Esto va más allá de una fiscalización ordinaria; se percibe como una coerción fiscal institucionalizada.
La Estrategia Recaudatoria y sus Consecuencias
El gobierno mexicano, al descartar reformas fiscales profundas o el aumento de impuestos al consumo, ha optado por intensificar la recaudación vía fiscalización. Esto ha resultado en un crecimiento real anual de la recaudación de aproximadamente el 5%, impulsado principalmente por auditorías y presión sobre grandes contribuyentes. Aunque no hay una declaración oficial que vincule directamente esta estrategia con el financiamiento de subsidios a la gasolina o programas sociales, económicamente, México enfrenta una presión fiscal y la necesidad de ingresos sin subir impuestos, convirtiendo la fiscalización intensiva en el instrumento principal para financiar el gasto público.
Escalada Diplomática y el T-MEC
La situación ha escalado a nivel diplomático, con Estados Unidos elevando preocupaciones formales sobre la incertidumbre jurídica y el trato a los inversionistas. Este hecho es crucial, ya que ocurre antes de la revisión del T-MEC. Washington ha señalado la falta de certeza jurídica y mecanismos de defensa efectivos, lo que ha llevado a empresas a recurrir a arbitrajes internacionales y a modificar contratos para protegerse. El tema fiscal ha dejado de ser un asunto interno para convertirse en un punto de negociación internacional.
Un factor crítico adicional es la percepción empresarial sobre la reforma judicial en México, que podría mermar la independencia judicial. Esto agrava la percepción de indefensión jurídica frente al Estado, ya que las empresas temen litigar contra el SAT dudando de la imparcialidad de los tribunales.
La Vulnerabilidad de las PyMEs: Un Riesgo Exponencial
Si bien las grandes corporaciones cuentan con equipos legales robustos y acceso a arbitrajes internacionales para defenderse, la situación es mucho más crítica para las PyMEs. Estas últimas tienen una menor capacidad de defensa y una mayor vulnerabilidad, quedando a merced de las decisiones del SAT. La asimetría de poder fiscal es exponencialmente mayor para las PyMEs, que carecen de los recursos para enfrentar litigios prolongados o complejos.
Las implicaciones de esta política fiscal son amplias:
- Inversión Extranjera: La percepción de riesgo jurídico puede desacelerar la inversión.
- Nearshoring: Pierde atractivo si no hay certidumbre jurídica y fiscal.
- Competitividad: El costo fiscal implícito se eleva, afectando la competitividad de las empresas mexicanas.
En este contexto, el «acoso fiscal» puede convertirse en una palanca de negociación contra México en el marco del T-MEC, influyendo en el clima de inversión y la postura de EE.UU. La política fiscal, aunque necesaria para sostener las finanzas públicas, está generando un deterioro en la confianza empresarial, un factor que México no puede permitirse en un momento tan crucial para su integración económica regional.





