Ciudad de México.
La Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha convocado a más de mil representantes de la iniciativa privada en la Primera Reunión Nacional de Promoción de Inversiones, expresando un optimismo notable sobre el futuro económico de México en 2026 y extendiendo una invitación a los empresarios para impulsar el desarrollo nacional. Sin embargo, este llamado, aunque bienvenido, no puede evitar generar interrogantes sobre su oportunidad y las motivaciones subyacentes, especialmente en un contexto político-económico global cada vez más volátil.
La pregunta que resuena en los círculos empresariales y políticos es: ¿Por qué hasta ahora este enérgico llamado a la inversión? Si bien la Presidenta subraya la «certidumbre» y el deseo gubernamental de atraer inversión privada, tanto nacional como extranjera, y cita la Inversión Extranjera Directa (IED) de 2025 y la fortaleza del peso como pruebas de confianza, la percepción de un llamado tardío es ineludible. Un mensaje de esta envergadura, que busca cimentar la confianza y la colaboración, podría haber tenido un impacto mucho mayor si se hubiera emitido con la misma vehemencia al inicio de su administración, marcando una pauta clara para el sector productivo.
La coyuntura internacional, particularmente con los Estados Unidos y la sombra de Donald Trump en la presidencia, añade una capa de complejidad a este análisis. Las presiones externas y la incertidumbre sobre futuras políticas comerciales y migratorias de un gobierno estadounidense bajo Trump, podrían estar actuando como un catalizador para esta movilización tardía. ¿Es este llamado una previsión ante posibles escenarios adversos que podrían impactar la inversión y la estabilidad económica de México? La sutil crítica radica en que la proactividad debería ser la norma, no una reacción a potenciales amenazas externas.
Además, mientras la Presidenta convoca al sector empresarial, la ausencia de un llamado similar a la unidad y colaboración entre los diversos partidos políticos e ideologías para construir un mejor México es notable. El desarrollo nacional sostenible no solo depende de la inversión económica, sino también de un consenso político amplio que brinde estabilidad y dirección a largo plazo. La visión de un «gran y hermoso país» que se construye «juntos» parece incompleta si no incluye a todos los actores políticos, cuyas diferencias, si bien legítimas, deben ser canalizadas hacia objetivos comunes que trasciendan las agendas partidistas.
Los datos presentados por el Secretario de Economía, Marcelo Ebrard Casaubon, sobre el aumento del portafolio de inversiones y la generación de empleos, así como los anuncios de financiamiento para PYMES por parte de Nafin y Bancomext, son indicadores positivos. Sin embargo, la efectividad de estas iniciativas se maximiza en un ambiente de confianza sostenida y de diálogo constante, no solo con el sector empresarial, sino con todas las fuerzas que componen el tejido social y político de la nación. La meta de alcanzar el 25% de inversión sobre el PIB para 2026 es ambiciosa, pero requerirá más que un llamado; demandará una estrategia integral y unificada que demuestre un compromiso inquebrantable con la certidumbre y la inclusión.





