Washington/Moscú
El tablero geopolítico global se ha encendido simultáneamente en dos frentes críticos, con dos protagonistas que utilizan la retórica de la fuerza para redefinir el orden mundial. Las advertencias de Donald Trump sobre una posible intervención terrestre en Venezuela y el desafío de Vladímir Putin a Europa han inyectado una dosis de incertidumbre que el mercado de capitales y la economía global, ya debilitada por problemas estructurales como la desigualdad, no están en condiciones de absorber.
La pregunta estratégica para el inversor es ineludible: ¿Romperán la cuerda? ¿Estos líderes escalarán los conflictos hasta un punto de no retorno, ignorando las frágiles bases económicas que sostienen el comercio y la inversión global?
El Frente Americano: La Amenaza de Intervención y el Riesgo Regional
La escalada de tensiones entre Estados Unidos y Venezuela, con la amenaza de ataques terrestres de Trump contra supuestos carteles de narcotráfico, representa un riesgo directo para la estabilidad de América Latina.
| Protagonista | Declaración Clave | Implicación Geoeconómica |
| Donald Trump (EE. UU.) | Advierte que «muy pronto» comenzarán ataques por tierra en Venezuela y sugiere que Colombia también está «sujeto a ataques». | Aumenta el Riesgo País en toda la región andina y caribeña. Desestabiliza la frágil economía venezolana, con riesgo de colapso. |
| Venezuela | Denuncia el despliegue militar ante la Corte Penal Internacional (CPI) como una amenaza a su soberanía. | La inestabilidad política y la amenaza militar socavan la confianza de los inversores en la región, un factor crítico para el nearshoring en México y Centroamérica. |
Para el capital, un conflicto militar en el Caribe o Sudamérica no solo impacta los flujos de inversión directa, sino que eleva los costos de seguros, logística y compliance en toda la región, incluyendo a México, que busca capitalizar la estabilidad regional.
El Frente Europeo: El Desafío de Putin y la Volatilidad Energética
En Europa, Vladímir Putin ha elevado el tono, advirtiendo que Rusia está «lista para combatir» si el continente «quiere guerra». Esta retórica belicista, sumada a la acusación de que Europa vive en la «ilusión» de una derrota estratégica rusa, mantiene a los mercados europeos en vilo.
Las consecuencias económicas de esta escalada son inmediatas y de largo alcance:
- Volatilidad Energética: Las amenazas de Putin contra los petroleros de países que apoyan a Ucrania mantienen la prima de riesgo en los precios del petróleo y el gas. Para las empresas europeas, esto se traduce en costos de energía impredecibles y una menor competitividad.
- Riesgo de Deuda: La discusión sobre el uso de activos rusos congelados por la Unión Europea ha generado alertas sobre un posible encarecimiento de la deuda europea, ya que podría interpretarse como una violación de la propiedad privada, elevando el riesgo percibido por los tenedores de bonos.
- Incertidumbre en la Cadena de Suministro: La prolongación y escalada del conflicto en Ucrania sigue afectando las cadenas de suministro de alimentos y materias primas, impactando la inflación global.
¿Puede el Mundo Permitirse la Guerra?
La urgencia de estos conflictos militares contrasta brutalmente con los problemas estructurales que el mundo, y en particular América Latina, enfrenta. Como se destacó en el reciente informe de la CEPAL, la desigualdad económica es extrema: el 10% más rico de América Latina capta el 34.2% del ingreso total.
El mundo no está preparado para conflictos bélicos. La inestabilidad militar es el peor escenario para una economía global que ya lucha contra la fragilidad social y la estrechez del mercado interno causada por la desigualdad. Una nueva guerra solo exacerbaría la pobreza, la inflación y la migración, socavando la poca estabilidad que queda.
La presión de Trump y Putin por escalar las tensiones, ya sea en el Caribe o en el Este de Europa, es una distracción peligrosa de la agenda económica real. El capital busca certeza y estabilidad. La decisión de estos líderes de jugar con la amenaza militar es un factor de riesgo que obliga a los inversores a adoptar una postura defensiva, limitando la inversión productiva y el crecimiento.
La cuerda de la paz y la estabilidad económica global está tensa. La comunidad empresarial, que es la que paga el costo de la incertidumbre, debe exigir a sus líderes que prioricen la diplomacia y la solución de los problemas económicos de fondo, antes de que la cuerda se rompa.





