Ciudad de México.
La capital mexicana amaneció este martes 14 de octubre con un nuevo frente de inestabilidad: un paro nacional de labores por parte del personal del Servicio de Administración Tributaria (SAT). La protesta, motivada por malos tratos y el incumplimiento de ajustes salariales prometidos desde inicios de año, amenaza con paralizar trámites esenciales y generar un impacto significativo en la operatividad económica del país. Sin embargo, la reacción presidencial, que minimiza el alcance del movimiento, contrasta con la gravedad de un escenario nacional e internacional que pone a México en una encrucijada sin precedentes.
Los trabajadores del SAT, convocados en las 162 oficinas recaudadoras del país, han levantado la voz ante una serie de inconformidades: restricción de vacaciones, desigualdad salarial entre personal sindicalizado y de enlace, falta de pago por horas extra y escasez de materiales básicos de oficina. A pesar del incremento del 12% al salario mínimo en enero de 2025, sus sueldos no se han actualizado, generando un rezago injusto en sus percepciones. “Buscamos visibilizar las inconsistencias e inconformidades que persisten dentro del SAT desde hace varios años”, señalo un integrante del personal de enlace.
La Minimización Presidencial y la Tormenta Perfecta
La respuesta de la presidenta Sheinbaum, quien afirmó que “eran pocos los trabajadores que hacían el planteamiento del paro nacional, sin embargo, señaló, se le atiende a todos”, ha sido interpretada por analistas como una minimización de un conflicto que, lejos de ser aislado, se inserta en un contexto de múltiples crisis simultáneas que exigen una atención urgente y estratégica.
Para empresarios e inversionistas, la situación actual de México es un complejo entramado de desafíos que impactan directamente en la certeza y la estabilidad:
•Crisis Internas Multiplicadas: La huelga del SAT se suma a una tragedia nacional por las recientes inundaciones, donde la lentitud gubernamental en el auxilio ha generado descontento. Estos eventos internos desvían la atención y los recursos, afectando la capacidad de respuesta del Estado.
•Presiones Externas Crecientes: En el ámbito internacional, México enfrenta la amenaza de nuevos aranceles por parte de Estados Unidos, la incertidumbre en los foros de revisión del T-MEC y las discusiones en el Senado y la Cámara de Diputados sobre la controvertida Ley de Amparo. Estos factores externos, como ya se ha visto con la estrategia de Donald Trump (aranceles y fuerza militar), pueden tener repercusiones económicas devastadoras.
•Cuestionamientos a la Gobernanza: La persistencia de temas como el “huachicol fiscal”, que toca a algunos miembros del partido oficialista, y la defensa de países con democracias cuestionadas y acusados de liderar organizaciones criminales, generan dudas sobre la gobernanza y la dirección estratégica del país. Analistas e inversionistas, especialmente en Estados Unidos, se cuestionan de qué lado juega México y cuál es su brújula moral.
La encrucijada que vive México, tanto interna como externamente, demanda una visión empresarial y estratégica por parte de sus líderes. La capacidad de gestionar múltiples crisis simultáneamente, de mantener la confianza de los mercados y de navegar un complejo panorama geopolítico será determinante para el futuro económico del país. La minimización de conflictos internos, en este contexto, podría ser un error costoso que amplifique la percepción de riesgo y afecte la toma de decisiones de quienes buscan invertir en la región. El tiempo dirá si México logra sortear esta tormenta perfecta o si la incertidumbre se arraiga como un factor permanente en su panorama económico y político.





